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¿Cómo solucionar los conflictos con un adolescente?

Actualizado: 23 jul 2022


Por generaciones se han alimentado patrones de comportamiento enfocados en agudizar los desacuerdos entre padres e hijos, por tanto, la manera en que se han formado las familias convierte estos conflictos en algo natural, sin darnos cuenta de que el verdadero problema radica en la manera en que estas diferencias se afrontan y manejan.


Pero, ¿qué es o qué se entiende como conflicto? El diccionario de la Real Academia Española lo define como la “oposición o desacuerdo entre personas”. Con esto en mente, podemos decir que siempre habrá situaciones conflictivas que no se pueden evitar, lo importante es comprender que, si deseamos resolver el conflicto, debemos atacar a la situación, no a nuestro hijo.


Claro que, todos los seres humanos somos diferentes y, por tanto, no percibimos las cosas de la misma manera que la otra persona ni la enfrentaremos de la misma forma. Eso lo debemos tener muy presente en todo momento.


Muchos padres cometen el error de ofender a sus hijos ignorando el efecto que este pueden tener en la mente del adolescente. Y es que las ofensas son un arma de ataque poderosa que no hace sino agravar el conflicto y, en el peor de los casos, destruir la relación padre e hijo. Esto se ha desarrollado por generaciones en todas las familias.


Y es que el ser humano cuando está enojado puede decir y pensar cosas de las que más tarde probablemente se arrepienta o se olvide, y esto viene por el patrón generacional de usar las ofensas para cualquier situación, especialmente, las de conflicto. El enojo nos imposibilita pensar y comunicar con claridad y exactitud. Entonces, cuando las emociones no se canalizan correctamente, la situación de conflicto puede agravarse.


Más bien, en lugar de desahogarnos con nuestros hijos, lo mejor es tomarse un “time - out” o tiempo fuera, para calmarnos. No te cohíbas de expresar que estás enojado(a) y necesitas tiempo para calmarte y continuar la conversación después. Esto mejora la armonía del hogar y fortalece la comunicación con nuestros hijos.



“¿Qué puedo hacer para calmarme, doctora?”

Bien, llegados a este punto, te compartiré algunas formas de drenar la ira y centrar tanto tu organismo como tus pensamientos:


  • Habla con un amigo o persona ajena al conflicto.


  • Sal a caminar o hacer ejercicio


  • Toma una ducha con agua (tibia o fría).


Una vez estés más calmado, procede a preparar tu intervención para aclarar el conflicto en un lugar neutro y comienza a preparar los diálogos en tu mente. Evita en la medida de lo posible usar palabras como “tú” y “¿por qué…?”, también procura no hacer mandatos, amenazar o comparar. Esto despertará en el adolescente un instinto de defensa y rebeldía, pues sentirá que lo atacas.


Ahora bien, lo siguiente es identificar la verdadera raíz del conflicto. Una buena forma de hacerlo es graficarlo en un papel, con frases cortas y un esquema de preguntas como estas: ¿Cuál es la verdadera raíz del problema?, ¿Quiénes son los afectados y las consecuencias que puede traerles?, ¿Cuáles son las soluciones individuales y grupales para resolver el conflicto?


De esta manera se evitará caer en la imprudencia y decir más de la cuenta, es decir, estarán enfocados en el conflicto real y no en las actitudes de cada uno. Este nuevo espacio de comunicación para los adolescentes será una herramienta que les enseñará respeto y autoridad.


Recuerda entrenar tu capacidad de escuchar, tu hijo aprenderá esto por modelaje. Tomate el tiempo necesario para comprender lo que te dice, si usa alguna palabra o expresión que no conoces, puedes tomar nota durante la conversación, especialmente si tu memoria es corta o temporal. No pienses las respuestas antes de que él o ella termine de hablar y asegúrate de haber entendido todo, repite con tus palabras lo que piensas que tu hijo dice, cuida tu lenguaje corporal y observa el de él, equilibra el tono de tu voz, y pregunta si no entiendes algo.


En conclusión…


El perdón y la compasión son las mayores virtudes que los padres podemos tener para con nuestra familia, confía en ti, llénate de cosas positivas, recuerda que la violencia se erradica cuando tiramos los guantes y aprendemos a no combatir con violencia. Tu hijo te lo agradecerá y recompensará a futuro.


¿Cuál es tu experiencia al resolver conflictos? Me gustaría leerte en los comentarios.


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