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Cómo aplicar límites a los niños.

Actualizado: 4 feb 2021


Mantener coherencia a la hora de aplicar límites a nuestros hijos es muy importante. Como padres debemos marcar las reglas en casa con el objetivo de hacerlas cumplir, pero también debemos tener en cuenta cuantas de esas reglas cumplimos nosotros como adultos. "Tender la cama" "Poner la ropa en el cesto de la ropa sucia" "descargar el baño" "bajar la taza de toillet" "ordernar el closet", "levantar el plato de la mesa", "hablar sin gritar", "saber escuchar" por dar algunos ejemplos.


Las carencias educativas familiares son la razón por el cuál ha aumentado el número de niños desobedientes: primero el adulto quiere exigir un tipo de comportamiento en el niño que como adulto no hace, segundo es la falta de habilidad a la hora de establecer normas dentro del hogar y el entorno social, debido a ello se produce la falta de respeto y la pérdida de autoridad y tercero la negación de que mi niño no tiene un mal comportamiento, es sólo cosas de niños y cuando crezca ya se le pasará.


Cuando necesitamos decir a nuestros hijos que deben hacer algo y como padres pretendemos que los niños lo hagan "ahora", debemos tener en cuenta algunos consejos básicos:


Fijar normas. Cuando decimos "quiero que te vayas a dormir ahora mismo", estamos creando una lucha de poder personal con nuestros hijos. Una buena estrategia es hacer constar la regla de una forma impersonal. Por ejemplo: "Son las 8, hora de acostarse" y le enseñas el reloj. En este caso, algunos conflictos y sentimientos estarán entre el niño y el reloj, po lo tanto tomalo con calma, porque la repetición de esta acción hará que el niño duerma a la hora indicada.


Ofrecer claridad: Un límite bien especificado con frases cortas y órdenes precisas suele ser claro para un niño. "Habla bajito en la habitación", "agarra mi mano para cruzar la calle" "por favor levanta tus zapatos del piso y colocalos en la repisa de los zapatos" son algunos ejemplos. Evita frases genéricas como "pórtate bien", "sé bueno", o "no hagas eso". Estas expresiones significan diferentes cosas para diferentes personas y los niños también son diferentes, recuerda que las frases genéricas no brindan una acción clara hacia lo que se está pidiendo.


Ofrece opciones: Dar dos opciones a un niño permitirá que haga lo que queremos sin sentir que lo estamos imponiendo. La libertad de escoger le hace sentir al niño una sensación de poder y control, reduciendo las resistencias. Por ejemplo: "Es la hora del baño. ¿Te quieres duchar o prefieres bañarte?". "Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir un traje o lo hago yo?, "Es la hora de esparcimiento ¿Quieres ir a un parque o prefieres que juguemos en casa?. Ofrecer opciones te ayuda a evitar las disputas y los conflictos.


Se Firme. Cuando existe una resistencia a la obediencia, como padres debemos ser firmes, por ejemplo: "¡Para!, los juguetes no son para tirar" "Por favor baja la voz que estas gritando". Los límites firmes se aplican mejor con un tono de voz seguro, sin gritos, y un gesto serio en el rostro. Los límites más suaves suponen que el niño tiene una opción de obedecer o no. "¿Por qué no te llevas los juguetes a tu habitación?"; "Acuérdate que debes cepillarte los dientes". Esos límites son apropiados para cuando se desea que el niño tome un cierto camino. Recuerda mantener buen uso entre lo ligero y lo autoritario.


Acentúa lo positivo. Los niños son más receptivos al "hacer" lo que se les ordena cuando reciben refuerzos positivos. Los padres autoritarios tienden a dar más órdenes y a decir "no", mientras los demás suelen cambiar las órdenes por las frases claras que comienzan con el verbo "hacer".


Explica el porqué. Cuando un niño entiende el motivo de una regla como una forma de prevenir situaciones peligrosas para sí mismo y para otros, se sentirá más animado a obedecerla. De este modo, lo mejor cuando se aplica un límite, es explicar al niño porqué tiene que obedecerte. Usa pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "Si tiras los juguetes de otros niños, se pueden romper”.


Sugiere alternativas. Al ofrecerle alternativas, le estás enseñando a tu niño que sus sentimientos y deseos son aceptables. Siempre que apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable, el niño no hará resistencia y aprenderá a negociar, "no te puedo dar un caramelo antes de la cena, pero te puedo dar un helado después".


Establece rutinas claras. Una regla puntual es esencial para una efectiva puesta en práctica del límite. Una rutina flexible (acostarse a las 8 una noche, a las 8 y media en la próxima, y a las 9 en otra noche) invita a una resistencia y se torna imposible de cumplir. Rutinas y reglas importantes en la familia deberían ser efectivas día tras día, aunque estés cansado o indispuesto. Si das a tu hijo la oportunidad de dar vueltas a sus reglas, ellos seguramente intentarán resistir.


Controla las emociones. La disciplina consiste básicamente en enseñar al niño cómo debe comportarse. No se puede enseñar con eficacia si somos extremamente emocionales. Cuando los padres están muy enojados castigan más seriamente y son más propensos a ser verbalmente y/o físicamente abusivos con sus niños. Delante de un mal comportamiento, lo mejor es contar un minuto de calma y después preguntar con tranquilidad, "¿que ha sucedido aquí?". Recuerda que si manejas tus emociones enseñas a tus hijos a manejar las de ellos y así evitaras muchos berrinches.

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