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Hablar de la muerte con los niños

Actualizado: 4 feb 2021


La muerte de un familiar provoca en los niños muchas inquietudes, pero principalmente estas se generan por la incapacidad del adulto a responder adecuadamente a los cuestionamientos del niño sobre este tema.


Esta falta de asertividad ocurre porque los adultos tienden a pensar que los niños tienen el mismo apego emocional que ellos. Para un adulto los lazos se han fortalecido en el tiempo, la convivencia, la relación, pero en los niños sobre todo antes de los 5 años la figura de relación emocional depende mucho de la convivencia, es decir, si un niño ve a su abuela una vez al año por 2 semanas y la abuela muere, es evidente que el dolor del padre o la madre (hijos de esa persona) será distinto al del niño y es allí adonde surgen los problemas para el adulto, porque en su estado emocional le es difícil responder a las preguntas comunes que suelen tener los niños, ¿Mamá/Papá tú te vas a morir? ¿Yo me voy a morir? ¿Adónde van las personas cuando mueren? ¿Dónde queda el cielo? ¿Va a regresar? ¿Cuándo se mueran todos los que van por la calle, luego nos moriremos nosotros?


A los padres estos cuestionamientos los desconciertan, sobre todo porque generalmente ocurren ante un suceso reciente donde las emociones están en el duelo y donde pensar en las respuestas genera un estado mayor de dolor en el adulto que el niño no comprende. Entre los 2 y los 4 años la separación por muerte es más difícil de explicar, pero más fácil de aceptar por el niño debido a que aún la memoria se mantiene en el umbral de desarrollo a corto plazo, es decir el niño pierde interés en aquello que no ve frecuentemente y desasocia los recuerdos emocionales sobre todo cuando esa persona no forma parte de su vida diaria.


Es importante tener presente que no hay respuestas universales a estas preguntas, porque la muerte es un misterio, pero es parte del ciclo natural de la vida y aunque para muchas personas la muerte es un estigma tan fuerte que se evade y ni siquiera se menciona, es imperante reconocer que los padres deben saber abordar este tema para evitar problemas en el proceso de desarrollo del niño, muchas veces el miedo a generar frustraciones innecesarias en los niños los hace evitar el tema, pero un padre que aborda con naturalidad y sin estrés su desconocimiento e invita a su hijo a buscar la respuesta junto a él evita el desequilibrio del proceso emocional relacionado con la muerte, pero lamentablemente este tema por tradición generacional sólo se aborda ante la posibilidad o cuando ya ocurrió un fallecimiento.

Por otro lado, existe una gran discrepancia entre la importancia que tiene la muerte para el niño y la atención que se le da en el ámbito familiar y escolar y si lo piensan es incoherente, porque los niños hablan de pérdidas y muertes desde muy pequeños en un lenguaje natural propiciado por los adultos a través de medios de comunicación e interacción cotidiana como por ejemplo la que se realiza con los juguetes, donde los niños juegan a morirse o donde tienden a matar a sus muñecos, entre otras formas de ejemplarizar un aspecto natural de la vida, por lo cual le pregunto ¿Es difícil hablar de la muerte o es difícil hablar de la muerte cuando hemos perdido a alguien recientemente? Muchos investigadores han observado que el niño capta lo esencial de la muerte, pasando por una secuencia que sintetiza los diversos modelos de psicología evolutiva de la idea de la muerte en los niños:


1ª fase: entre el nacimiento y los 2 años - desconocimiento absoluto de la muerte.


2ª fase: entre los 3 y los 5 años - descubrimiento real de la muerte del otro, donde los niños captan la muerte como un acontecimiento definitivo que les sucede a los demás, pero no a ellos.


3ª fase: a partir de los 6 años - descubrimiento de la propia muerte, donde se ve como un acontecimiento inevitable para todo el mundo y se asocia con la desaparición de las actividades físicas.


Reacciones emotivas del niño ante la muerte.


Dependiendo del nexo afectivo que tiene el niño con la persona que acaba de morir, es decir la relación de amor que se ha cosechado, los niños expresan la perdida diferente al adulto. En ellos se genera la rabia por el abandono, el temor a morir ellos o que muera alguien que es más importante para ellos o a quien reconocen sentir más amor como el padre o la madre, se generan sentimientos de culpa, tristeza y abatimiento y como reacciones secundarias insomnio, temor a estar solo, pesadillas o perdida del apetito.


Mientras más temprano el niño aprenda a reconocer sus emociones podrá obtener el equilibrio y la aceptación de la ausencia de su ser querido. Es necesario tener en cuenta que los niños observan y captan nuestras actitudes, nuestra angustia, nuestra serenidad, nuestra tristeza, nuestra paciencia, en definitiva, nos imitan, por ello es necesario si usted no ha adquirido herramientas para el manejo de las emociones se motive a hacerlo y logre con esta capacidad el abordar el tema de una forma transparente y natural, sin tabúes ni miedos. El objetivo es entender que la vida y la muerte es un ciclo evolutivo.


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